Cuando una empresa entra en concurso de acreedores, la primera preocupación del administrador suelen ser las deudas y la continuidad del negocio, pero el impacto sobre la plantilla es igual de relevante. Contar con un despacho de abogados especialistas en concurso de acreedores y segunda oportunidad ayuda a entender qué va a ocurrir con los contratos de trabajo y qué margen existe para ordenar la situación sin improvisaciones.
El concurso no implica, por sí mismo, que todos los contratos de trabajo se extingan ni que la empresa deba cesar de inmediato su actividad. En muchos casos, el objetivo es precisamente ganar tiempo y ordenar la crisis para seguir funcionando, algo que se comprende mejor si se tiene claro el esquema de las fases del concurso de acreedores.
Desde el momento de la declaración de concurso, la empresa queda sometida a la supervisión judicial y de la administración concursal, lo que afecta a decisiones clave sobre la organización del trabajo, nuevas contrataciones, modificaciones de jornada o posibles despidos. Por eso es importante que dirección y recursos humanos vayan alineados y cuenten con el apoyo de abogados de concurso de acreedores que conozcan bien la práctica de los juzgados.
En empresas de menor tamaño, el impacto del concurso sobre los trabajadores puede canalizarse a través del procedimiento especial para microempresas, que introduce trámites específicos y plazos más ajustados. Identificar si la compañía encaja en este itinerario es uno de los primeros pasos a valorar cuando se analiza la situación laboral.
Una vía frecuente para ajustar costes sin prescindir de toda la plantilla es la suspensión temporal de contratos o la reducción de jornada. Estas medidas, que en la práctica funcionan como un ERTE en contexto concursal, deben tramitarse con especial cuidado para respetar los derechos de los trabajadores y coordinarse con el resto de acreedores, algo que se aborda en profundidad desde la perspectiva empresarial en el análisis sobre qué pasa después de un concurso de acreedores.
Cuando la continuidad de la actividad no es viable o cuando el plan de viabilidad exige una reducción estructural de plantilla, puede plantearse un despido colectivo o la extinción selectiva de determinados contratos. Estos procedimientos se controlan de forma especialmente intensa en el juzgado de lo social y en el juzgado de lo mercantil, por lo que conviene documentar bien las causas y apoyarse en especialistas en concurso de acreedores para minimizar conflictos posteriores.
La manera en que se gestionan estas decisiones influye no solo en el clima interno, sino también en la valoración que el juez pueda hacer sobre la conducta del administrador. Un uso desordenado de despidos o acuerdos aislados con determinados trabajadores puede generar problemas adicionales, del mismo modo que ocurre con otros acreedores, tal y como recuerda el contenido sobre clasificación de créditos concursales.
En caso de impago de salarios o indemnizaciones, los trabajadores pasan a ser acreedores del concurso con una protección específica, y el Fondo de Garantía Salarial puede llegar a cubrir parte de esas cantidades. Comprender en qué orden se satisfacen estas deudas y qué parte asume cada interviniente resulta más sencillo cuando se revisa la explicación global sobre las novedades de la reforma de la Ley Concursal, donde se analizan los cambios en la posición de los distintos acreedores.
No todos los trabajadores se ven afectados de la misma forma. Si existe un posible comprador para la unidad productiva o se plantea una reestructuración profunda, puede entrar en juego la sucesión de empresa, con la consiguiente subrogación en los contratos de trabajo. Esta opción suele estudiarse junto con alternativas como el pre-pack concursal para salvar la empresa, que permite negociar con posibles adquirentes antes incluso de la declaración formal del concurso.
La reorganización de centros de trabajo, el cierre de determinadas delegaciones o el mantenimiento solo de líneas de negocio rentables son decisiones que afectan directamente a los contratos vinculados a cada área. En compañías con presencia en varias provincias, la estrategia laboral puede ir de la mano de la especialización territorial que se refleja en páginas como el servicio de concurso de acreedores en Barcelona, donde se tienen en cuenta las particularidades del tejido empresarial local.
Una de las claves para evitar conflictos laborales innecesarios es adelantarse y preparar bien la entrada en concurso. Eso incluye revisar contratos, convenios aplicables, antigüedades y posibles situaciones especiales (bajas, reducciones de jornada, pactos individuales…). Trabajar con una lista clara de obligaciones y documentos ayuda a llegar al juzgado con los deberes hechos, siguiendo pautas similares a las que se recogen en el apartado de documentación para empresas en concurso.
La comunicación interna también resulta decisiva. Informar a la plantilla de manera honesta, sin generar alarmas innecesarias, reduce rumores y facilita que los trabajadores comprendan qué decisiones se van a adoptar y por qué. Cuando surgen dudas jurídicas concretas, muchas empresas optan por canalizar las consultas a través de un servicio de consulta con abogados concursales, de forma que la información llegue filtrada y personalizada.
El concurso de acreedores no solo ordena deudas; reconfigura la relación de la empresa con quienes la sostienen día a día. Tener claro qué va a ocurrir con los contratos, los salarios y la organización del trabajo permite tomar decisiones con más serenidad y mantener, en la medida de lo posible, la confianza de la plantilla durante un momento especialmente delicado. Para seguir profundizando en estas cuestiones laborales y societarias, puede resultar útil revisar otros contenidos del blog concursal de Aboconcursal, donde se analizan diferentes fases y escenarios del procedimiento.
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